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	<title>Target-Goal.com &#187; Crónica</title>
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		<title>El clásico de futbol desde las gradas</title>
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		<pubDate>Fri, 04 Sep 2009 20:33:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Andreas Bannwart</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Diriangén]]></category>
		<category><![CDATA[Estadio Independencia]]></category>
		<category><![CDATA[Real Estelí]]></category>

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		<description><![CDATA[Crónica del más importante duelo del futbol nica
Andreas Bannwart / Especial para La Prensa &#8212; “Regálame un peso, chele” dice el niño. Su rostro expresa el cansancio de los pocos años de su vida callejera.
“Ahora no puedo”, pienso.
Estoy mentalmente fuera de servicio siguiendo el partido, el Clásico del futbol nicaragüense, entre el Diriangén y Real [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3>Crónica del más importante duelo del futbol nica</h3>
<div id="attachment_3389" class="wp-caption alignnone" style="width: 610px"><img class="size-large wp-image-3389" title="Estadio Independencia. Ambiente de la final del Torneo de Clausura pasado. (Francisco Cardoza)" src="http://deportes.vivenicaragua.com/target-goal/wp-content/uploads/2009/09/foto-img4a38081f007dc-600x444.jpg" alt="Estadio Independencia. Ambiente de la final del Torneo de Clausura pasado. (Francisco Cardoza)" width="600" height="444" /><p class="wp-caption-text">Estadio Independencia. Ambiente de la final del Torneo de Clausura pasado. (Francisco Cardoza)</p></div>
<p>Andreas Bannwart / Especial para La Prensa &#8212; “Regálame un peso, chele” dice el niño. Su rostro expresa el cansancio de los pocos años de su vida callejera.<span id="more-3387"></span></p>
<p>“Ahora no puedo”, pienso.</p>
<p>Estoy mentalmente fuera de servicio siguiendo el partido, el Clásico del futbol nicaragüense, entre el Diriangén y Real Estelí en el Estadio Independencia.</p>
<p>Estaba sentado, justo en el centro de la barra principal, apreciando la vista de la cancha, pero una vendedora de nancites, anunciando a gritos lo que vendía, acabó de robarme la visibilidad mientras sólo escuché los suspiros y aplausos, en señal de los fanáticos rodeándome cuando el portero del partido vestido del emblemático uniforme rojiblanco abraza el balón y lo recoge hacia su tórax, dándole un hogar temporal.</p>
<p>Instantes más tarde, el balón se encuentra a unos 20 metros, al costado sur del estadio, donde se encuentra la Barra Brava del Estelí, decorando las gradas con camisas rojiblancas, en espera el tiro libre.</p>
<p>La cercanía del balón a los fanáticos causa nerviosismo, solo los separa una valla que los hace ver como un nido de avispas que se encuentra en proceso de despertarse, sintiendo la posible irritación, expresándolo en explosivo son de tambores, anunciando con sus puños alzados de una manera amenazadora, una clara manera de asustar a la barra del equipo diriambino.</p>
<p>“Fuera chavalos! Quítense de aquí!”, gritó un hombre.</p>
<p>De repente el mismo tipo se pone de pie porque unos niños le robaron la vista en un momento desfavorable.</p>
<p>“Va fuerte! Aquí estamos en Estelí!”, sigue apoyando su equipo, mientras yo me preocupo porque su voz, obviamente afectada, y por un rostro que expresa furia por el mal arbitraje.</p>
<p>“¡Eso es falta! ¡Nosotros pagamos! ¡Te estás cansando, árbitro! ¡Sacale la roja a este necio! ¿Cuánto te pagaron? ¡En confianza, no lo voy a decir a nadie!”, sigue gritando y expresando su insatisfacción.</p>
<p>Respiro un rato, les doy un descanso a mis ojos y trato de distinguir los olores presentes que se mezclan con el ambiente. Tierra húmeda, césped pisado, las líneas que limitan la cancha bien definidas y el estadio con buen alumbramiento.</p>
<p>Es momento de descansar, el árbitro anuncia el medio tiempo.</p>
<p>“Bien”, me contesta la niña que acaba de sentarse a mi lado, con su colita de color anaranjado “¿Qué tal el juego?”, le pregunté, mientras suena el último éxito de Pitbull en el estadio.</p>
<p>“Me gustaría que gane Estelí”, dice la niña. “Uno a cero, me imagino”, sigue precisando. ¡Trato hecho!</p>
<p>Es el segundo tiempo.</p>
<p>El balón sacudía la malla blanca y la Barra Brava rompe las paredes de su hogar por un momento.</p>
<p>“Lo anuló! ¡Lo anuló!”, oigo a alguien gritar que me llama la atención. Y las siguientes palabras del público no son aptas para oírse ni ser escritas en esta crónica.</p>
<p>La jugada de gol fue out side y a ambos equipos no les queda más que seguir jugando como si el balón nunca hubiera cruzado la línea de la portería.</p>
<p>Falta. Penalti, la gente del Estelí arremete contra el árbitro, pero luego se escucha la ovación de alegría, el arquero del club local detuvo el tiro.</p>
<p>¡Lo paró! Sigue siendo 0:0. La multitud se pega a la valla en estado de excitación. “¡Vamos a ganar!” es lo único que le interesa a la niña.</p>
<p>El partido se acabó. “Mierda&#8230;”, se escucha. La vibración de los escalones de concreto revela que la multitud está saliendo del estadio, acompañado por susurro tranquilo. “¡Adiós Andreas!”, se despide la niña.</p>
<p>Parte de las luces del estadio se apagan, pero es alumbrado por un intenso reflejo de la luna. Se escucha unos pocos gritos, luego todo se enmudece un momento.</p>
<p>Un perro callejero se come las sobras en el estadio. Sale el último fanático con su tambor. Ahora sí es tiempo de comer: “Una enchilada, porfa&#8230;”</p>
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		<title>Día de entrenamiento</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Mar 2009 15:55:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Loanny Picado</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>

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		<description><![CDATA[Esta no es la película de Denzel Washington, esta es la vida real. Una cronista deportiva deja a un lado la grabadora y la libreta para sumergirse en el entrenamiento de dos equipos de futbol, masculino y femenino, para conocer, con sus propios tacos, lo difícil que es convertirse en un jugador profesional
Es miércoles 25 [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3>Esta no es la película de Denzel Washington, esta es la vida real. Una cronista deportiva deja a un lado la grabadora y la libreta para sumergirse en el entrenamiento de dos equipos de futbol, masculino y femenino, para conocer, con sus propios tacos, lo difícil que es convertirse en un jugador profesional</h3>
<div id="attachment_1802" class="wp-caption alignnone" style="width: 308px"><img class="size-full wp-image-1802" title="Foto de Bismarck Picado" src="http://deportes.vivenicaragua.com/target-goal/wp-content/uploads/2009/03/dia-de-entrenamiento.jpg" alt="" width="298" height="201" /><p class="wp-caption-text">Foto de Bismarck Picado</p></div>
<p>Es miércoles 25 de febrero. Hora, 7: 30 de la mañana en el estadio Cranshaw. Es tiempo de entrenar con el Managua FC, club de la Primera División de Futbol. Ese día lucía la acostumbrada camisa del Chelsea, shorts y tacos de la suerte. No existían nervios, ni siquiera pensé en el dolor que tenía en el fémur.<span id="more-1801"></span></p>
<p>Los jugadores estaban implacables, un físico envidiable, cada músculos de sus cuerpos reflejaban el agitado trabajo diario bajo el sol renaciente de la mañana.</p>
<p>- “Por hoy, ella jugará con nosotros, así que trátenla como una más del equipo”, ordenó Tomás Traña, entrenador del club.</p>
<p>-“Vení, verás que no es tan duro”, me dijo muy animado, Carlos Zambrana, delantero del Managua.</p>
<p>Zambrana es un joven de 25 años, hace dos temporadas juega en este equipo. Para Zambraba, el futbol es toda su vida, incluso su sueño es pulirse para ser un entrador.</p>
<p>Curiosamente Zambrana dirige al club femenino, lReal Sultana de Granada, equipo que debutó en el 2008 en la Liga Superior Femenina.</p>
<p>Antes de entrar al campo, es inevitable mirar esa árida y descuida cancha de futbol y dije en voz baja: “Esto no estará fácil”. El pie derecho siente ese desnivelado y tropezoso suelo del viejo Cranshaw, ya se había olvidado como era jugar en este lugar.</p>
<p>La cancha es un panorama desértico, solo adornado por una grama que está totalmente azotada por los fuertes rayos solares, en su gran parte, seca, bañada por el fatigoso polvo que levanta el trote y jugadas friccionadas de los jugadores.</p>
<p>Aquí las dificultades son muchas y las condiciones escasas, pero el cuerpo se adapta a las limitaciones y todo esa cancha llena de huecos, casi un desierto, se convierte en un aliado para adquirir mayor resistencia.</p>
<p>-“Vamos, vamos, estiremos. Vos harás pareja con Milton”, dijo el entrenador.</p>
<p>La primer tarea era hacer toques recíprocos de balón rasante y luego vino el tú a tú entre la parejas designadas. En unos cuantos metros cuadrados se debía pasar el balón al acompañante, sin que él rival te lo quitara.</p>
<p>Hubo buena coordinación, pero el oponente era más veloz. En un momento hubo un roce fuerte con el rival. Tratamos de recuperar el esférico y en el choque, ambos caímos al suelo.</p>
<p>Con tanta agitación, el corazón palpitaba con rapidez y la sangre hervía en las venas. La condición física de esos jugadores parecía soportar toda batalla, y la mía ya estaba reduciéndose a esa grama árida.</p>
<p>Pasaron los minutos y aún no terminaba el calentamiento. Hasta que ¡por fin! Mis oídos acariciaron ese bendito sonido del entrenador, anunciando un breve descanso. Lo mejor empezaría después.</p>
<p>El entrenamiento concluiría con un juego ante Villa Venezuela. Estábamos listos para defender los colores del Managua FC. Los encargados de hacer goles eran Zambrana y Darwing Salinas y en la creación estaba Denis Rocha, yo, trataría de ayudarlo.</p>
<p>Curiosamente, Rocha retornó este año al futbol, luego de varios años de ausencia. Anteriormente jugaba en el Parmalat de la Primera División, pero cuando el club desapareció no se supo más de él, sólo que trabajaba en una panadería. Hoy luce un poco más relleno, pero su habilidad no ha cambiado.</p>
<p>-“No te alejes, seguí la jugada”, me instruyó Rocha.</p>
<p>Sonó el pitazo y el árbitro dio inicio al breve partido amistoso. Traña dijo que saldría de titular por unos minutos para que no sobrecargara mi pierna adolorida.</p>
<p>Rocha hizo un excelente pase para que Salinas dispara y marcara el primer gol. Todo el equipo parecía una orquesta que coordinaba bien sus ataques ofensivos y marcación defensiva, controlando a todo momento el balón. El rival estaba extraviado en la cancha.</p>
<p>Mi trabajo fue recuperar balones y salir en pique hacia la zona de ataque para esperar ese centro milagroso que me permitiera anotar un gol.</p>
<p>- “¡Eso Loanny, muy bien!”, me animaba Zambrana y los demás jugadores.</p>
<p>Por allá a lo lejos se escuchaban unas voces diciendo:</p>
<p>-“Oye muchacha, dale duro, no lo dejes ir”,<br />
Este tipo de frases le agrega al juego  mucho más ánimo. En ese momento venía con mucha rapidez un atacante de Villa Venezuela, traté de quitarle el balón y ante la presión, mi rival cayó, Salinas pudo tomar el esférico y marcó el segundo gol.</p>
<p>Tras el breve momento de gloria, el dolor de en la  pierna sonó fuertemente en mi mente, era el momento de salir.</p>
<p>-“Ideay, si estabas jugando bien, me dijo Zambrana”.</p>
<div id="attachment_1803" class="wp-caption alignleft" style="width: 308px"><img class="size-full wp-image-1803" title="Foto de Bismarck Picado" src="http://deportes.vivenicaragua.com/target-goal/wp-content/uploads/2009/03/dia-de-entrenamiento-2.jpg" alt="" width="298" height="243" /><p class="wp-caption-text">Foto de Bismarck Picado</p></div>
<p>A la vez el árbitro me animó a no salir, pero mi pierna no pudo más y aún faltaba entrenar con el otro equipo. El partido se ganó 8-0.</p>
<p>Tras dos horas de entrenamiento, los jugadores no lucían fatigados, salieron del campo con la misma sonrisa con la que entraron, sólo que bañados de polvo y sudor. Yo logré una digna presentación y una pierda casi lesionada.</p>
<p>Estadio Nacional de futbol UNAN-Managua. Son las 2: 30 de la tarde del mismo miércoles. El  segundo reto es entrenar con la Selección Femenina Sub20 que tiene casi dos meses de prepararse para la eliminatoria mundial de su categoría.</p>
<p>Todas las jugadoras vestían su implacable uniforme azul y blanco. El dorsal de mi camisa decía que era la número 19.</p>
<p>Aquí las condiciones son diferentes. El campo es artificial, las líneas que dibujan la cancha son perfectas, ese color verde hipnotizante que hace una invitación tentadora a jugar.</p>
<p>Pero la poesía que se apreciaba a la vista se convirtió en una prosa pagana y detestable cuando empezó el entrenamiento. Se debía hacer 10 piques a toda velocidad alrededor de la cancha.</p>
<p>-Y vos ¿cómo te llamas?, le pregunté a una de las jugadoras</p>
<p>-”Betania Fonseca, soy la arquera”-contestó</p>
<p>Betania es de Corinto y para entrenar a diario en Managua se queda en casa de una amiga. La guardametas mide 1.75 metros de estatura y tiene 19 años, es la mayor de la selección. Curiosamente me preguntó la edad y yo le contesté sin hacer muca énfasis que tenía 24.</p>
<p>Las demás jugadoras son una gladiadoras, ellas también soportan todo trabajo físico. Los piques a velocidad no les causaron cansancio alguno, parecían unas rocas, fuertes, resistentes, parece que nada las puede derribar, sólo  ellas mismas.</p>
<p>Al verlas sentí que era una  veterana ya que con la segunda vuelta estaba muerta y era la última en llegar, con el aire que tenía,  logré hacer cinco vueltas, mi capacidad física no daba para más.</p>
<p>Es increíble la velocidad de estas jóvenes. Todas tienen una historia similar, aprendieron a jugar futbol en las calles, precisamente con varones y luego alguien las reclutó para que jugaran en la Primera División. Muchas de ellas estudian en secundaria y otras ya ingresaron a la universidad por medio de una beca deportiva.</p>
<p>Jennifer Leiva, es una de las 20 jugadoras que componen el equipo, tiene 17 años y esta es su segunda Selección Nacional. Para esta temporada jugará con la UAM, así conseguirá su beca de estudio.</p>
<p>“A mi me gusta divertirme, el futbol es lo mejor, y para hacer más divertidos los entrenamientos ”, dice Leiva con mucha alegría.</p>
<p>Leiva es la joven bromista, ha bautizado a cada una de las jugadoras con un apodo, siempre luce sonriente y con constantes ganas de comer.</p>
<p>-“Vos “Chureca” centra bien” , le gritaba a su compañera, Jennifer Canales.</p>
<p>-“Ay no aguanto, tengo hambre”, murmuró en voz baja y con el rostro cansado.</p>
<p>Luego del ejercicio táctico en el que se trabajo el ataque desde distintos ángulos de la cancha, era el momento de jugar.</p>
<p>-“Hoy el entrenamiento está suave”, afirmó Betania.</p>
<p>El poder psicológico influye en cada jugadora. Ellas están conscientes que deben dar el máximo esfuerzo en cada entrenamiento para estar en condiciones óptimas para la eliminatoria. Todos hicieron un gran trabajo y durante el partido reflejaron el gran avance táctico que adquiere  el futbol femenino pinolero.</p>
<p>Es otra visión, no existe temor, sin importar el rival que esté en frente. Con la selección no hice un gran trabajo, más que dos goles de cabeza en el juego, la demás jugadoras lucían su muy avanzada habilidad ofensiva.</p>
<p>- “Vamos, no continuen, no paren”,  decía Edward Urroz, técnico de la selección</p>
<p>Se dieron las 5: 00 p.m y le di gracias a Dios que esto se había acabado. Las jugadoras parecían recién salidas de una simple sesión de aeróbicos, intactas,  con un ligero sudor que recorría  sus rostros, mientras yo estaba totalmente en estado de “coma”, no podía sentir las piernas. Lo mejor del día fue al final, nos regalaron dos mandarinas y tres bananos para reponer energías.</p>
<p>El trabajo de estos jugadores de futbol es pesado, se requiere de muchas ganas y amor por esa camiseta, la cual se defiende en las competencias. Los entrenamientos de ambos equipos están cargados de trabajo físico y difieren en trabajos tácticos, o conceptos de organización de juego en la cancha, pero el aspecto físico es igual.</p>
<p>Al final, el experimento resultó ser muy doloroso, pero gratificante Para los jugadores este sufrimiento diario tiene un sentido lógico y una recompensa, encontrar el triunfo que los lleve al camino de ser el mejor equipo de futbol, ver escritos sus nombres en hechos deportivos que marquen la diferencia.</p>
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		<title>Un vistazo por la tierra del futbol y el tango</title>
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		<pubDate>Mon, 24 Nov 2008 04:10:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Loanny Picado</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>

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		<description><![CDATA[Las calles bohemias, el colosal estadio de futbol, las camisas albicelestes, el sonido del tango de Carlos Gardel anuncian en todo su esplendor que se está en Argentina, la tierra de Maradona y el Che Guevara.
¿Quién es más famoso? &#8220;Pues los dos, sólo que el Che es nuestro héroe y Maradona es un dios, un [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-1097" title="tangoespectaculo-en-salon-del-teatro" src="http://deportes.vivenicaragua.com/target-goal/wp-content/uploads/2008/11/tangoespectaculo-en-salon-del-teatro.jpg" alt="" width="298" height="272" />Las calles bohemias, el colosal estadio de futbol, las camisas albicelestes, el sonido del tango de Carlos Gardel anuncian en todo su esplendor que se está en Argentina, la tierra de Maradona y el Che Guevara.<span id="more-1096"></span></p>
<p>¿Quién es más famoso? &#8220;Pues los dos, sólo que el Che es nuestro héroe y Maradona es un dios, un ídolo viviente&#8221;, contesta a la inquietud un señor que esperaba el bus en la avenida central que lleva hacia la majestuosa estructura del Teatro Colón.</p>
<p>Allí las orquestas tocan en coordinación sinfónica autorías propias y también las del maestro Bethoven. De repente se escucha en uno de los salones una melodía que enamora los oídos de los presentes y el cuerpo no se resiste cuando se escucha el tango Buenos Aires querido del hijo del tango, Carlos Gardel.</p>
<p><img class="alignnone size-full wp-image-1100" title="fdep241108nota3" src="http://deportes.vivenicaragua.com/target-goal/wp-content/uploads/2008/11/fdep241108nota3.jpg" alt="" width="500" height="343" />Buenos Aires es baile, cultura, pero desde su entrada se respira futbol, principalmente cuando se acerca el fin de semana, las calles se adornan de colores, los bares se llenan y la cerveza artesanal, principalmente la Antares cesa las miles de gargantas que se sientan para ver a la selección o al equipo de la capital, el  Junior.</p>
<p>Un niño moviliza el balón en la calle y junto a su amigo gritan el nombre del Boca. Se preparan para ir a La Bombonera, la casa donde reina el club de Buenos Aires.</p>
<p><img class="alignnone size-full wp-image-1099" title="la-bombonera" src="http://deportes.vivenicaragua.com/target-goal/wp-content/uploads/2008/11/la-bombonera.jpg" alt="" width="298" height="206" />&#8220;Oye pelotudo, apresurate que se nos hace tarde para ver el partido&#8221;, dice con ansiedad el joven hincha.</p>
<p>Ese día, el Boca enfrentaba al Vélez y la capital se paralizó por unas horas. En el café Cantobar todo es nerviosismo, el Boca perdía 2-1 en la primera parte. Luego esos rostros largos casi llorosos se cambiaron por una sonrisa. Los goles de Juan Forlín y Rodrigo Palacios enardecieron las tribunas , pero el rival fue superior por esta vez y sembró al Boca 4-2.</p>
<p>&#8220;Por lo menos perdimos con dignidad, aún faltan más partidos que jugar&#8221;, se consolaba un fanático.</p>
<p><img class="alignnone size-full wp-image-1098" title="monumento-maradona-en-el-museo" src="http://deportes.vivenicaragua.com/target-goal/wp-content/uploads/2008/11/monumento-maradona-en-el-museo.jpg" alt="" width="298" height="224" />Desde Buenos Aires se escuchan los murmullos de la ciudad que miró nacer a Maradona y el Che Guevara.</p>
<p>Rosario, una comunidad que entre su estadio de futbol también posee el bello paso del extenso Río Paraná. La brisa del río golpea los tranquilos rostros de los rosarinos y al atardecer hace reverencia a la puesta de sol que deslumbra la costa oeste de la ciudad.</p>
<p>Al otro extremo se encuentra Victoria, que se fusiona con Rosario a través de un puente.</p>
<p><img class="alignnone size-full wp-image-1102" title="fdep241108" src="http://deportes.vivenicaragua.com/target-goal/wp-content/uploads/2008/11/fdep241108.jpg" alt="" width="298" height="363" />&#8220;No somos diferentes, somos argentinos, sólo nos separa un río&#8221;, dice doña Grisol, quien trabaja de bartender en el bar Pikardo, ubicado en el malecón de la ciudad.</p>
<p>Rosario no tiene el ritmo de tango de Buenos Aires, pero el futbol lo lleva en las venas, ciudad natal del mejor jugador en la historia del futbol.</p>
<p>Argentina deja nostalgia, se extraña el bullicio de las barras, el fervor de ese pueblo entregado al futbol que idolatra a Mardona.</p>
<p>Y así como ese famoso tango de Carlos Gardel se graban los recuerdos de la tierra del futbol. &#8220;Mi Buenos Aires querido, cuando yo te vuelva a ver, no habrá más penas ni olvido&#8221;&#8230;</p>
<h3>Héroes rosarinos</h3>
<p><img class="alignnone size-full wp-image-1101" title="24-boca-juniors" src="http://deportes.vivenicaragua.com/target-goal/wp-content/uploads/2008/11/24-boca-juniors.jpg" alt="" width="298" height="444" />Rosario es también la cuna de Lionel Messi, jugador de la selección de Argentina y el Barcelona de España.</p>
<p>Actualmente uno de los mejores futbolistas del mundo.<br />
Por las calles de Rosario se escuchan algunas anécdotas sobre Messi y Maradona, algo como una profecía futbolera.</p>
<p>&#8220;Maradona hizo campeón del mundo a Argentina en 1986. Messi es el mesías que hemos esperado para que volvamos a ser reyes del futbol&#8221;, dice Alfonso Peñarol, un anciano hincha de la albiceleste.</p>
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		<title>Y después del futbol&#8230;</title>
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		<pubDate>Sat, 19 Apr 2008 22:06:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Loanny Picado</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Videos]]></category>

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		<description><![CDATA[En consulta con el doctor Sergio Chamorro, exarquero del Real Estelí
El sofocante sol abriga entre sus brazos calurosos a decenas de personas en la sala del hospital Roberto Calderón, en espera de ser atendidos por el médico que les alivie el dolor y les de la fórmula mágica que les sane una rodilla quebrada, un [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>En consulta con el doctor Sergio Chamorro, exarquero del Real Estelí</strong></p>
<p>El sofocante sol abriga entre sus brazos calurosos a decenas de personas en la sala del hospital Roberto Calderón, en espera de ser atendidos por el médico que les alivie el dolor y les de la fórmula mágica que les sane una rodilla quebrada, un brazo safado, o una pierna infectada.<span id="more-403"></span></p>
<p>-&#8221;¡Allí viene el doctor, allí viene!&#8221;, se escuchaban los murmullos desde el pasillo hacia la sala de traumatología y ortodepía.</p>
<p>Es miércoles, como todos los días para el doctor Sergio Chamorro será de mucho trabajo. pero éste en especial toca atender a muchos pacientes.</p>

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<p>-&#8221;¿Haber qué hay, qué hay?&#8221;- pregunta Chamorro</p>
<p>Y una señora que tenía envuelto su brazo estaba sentada en la sala, se llamaba Martha. No mostraba tener dolor alguno, a pesar que andaba dislocado el brazo, pero una vez que Chamorro la traslado a la camilla donde le pondrían el yeso, su rostro era la imagen del sufrimiento físico, como ese jincante que se mete en las entrañas y hace sentir que los segundos son eternos. Nada mal para empezar la mañana.</p>
<p>Sergio Chamorro jugó futbol casi toda su vida, 20 años siendo arquero, primero del Walter Ferreti y luego del Real Estelí y hace unos meses le dijo un adios no tan definitivo al futbol.</p>
<p>-¿Extrañará las canchas, doctor?</p>
<p>-&#8221;Mmm. Siempre juego, pero ahora sólo en la mecca en una liga para veteranos&#8221;, contesta con una hermosa sonrisa.</p>
<p>-¿De portero?</p>
<p>-&#8221;No, lo mejor es eso, soy defensa central y el más joven del equipo.&#8221;</p>
<p>-Es decir que la mayoría son ancianos (le comento en tono de broma).</p>
<p>-&#8221;Jajaja.. nunca se burlen de los viejitos, yo tengo 36 años y estoy entero&#8221;- contestó.</p>
<p>Luego de la breve charla entró otro paciente, se llamaba Giovanny Tellerías, quien hace dos años y medio se estrelló en motocicleta contra un fulgón, pero milagrosamente sobrevivió.</p>
<p>- &#8220;¡Que buena suerte tiene, era para que perdiera la vida!&#8221;- comente a Tellerías</p>
<p>- &#8220;Sí, pero el doctor Sergio es excelente médico y buena persona, desde que me opera me he siento mejor&#8221;.</p>
<p>- &#8220;A ver, otro&#8221;, decía el doctor.</p>
<p>En menos de 30 menitos, el doctor Chamorro había atendido a cinco pacientes y faltaban muchos más, parecía que la fila nunca terminaría. Y en eso aparció Jorge otro fracturado. Así es el trabajo de Sergio Chamorro tan complejo, cansado, pero fascinante como el futbol.</p>
<p>Casualmente dos días después de la consulta, Chamorro tuvo que atender a esta servidora, luego que me lastimaran el tobillo en un partido de futbol.</p>
<p>-¿Y podré jugar para el domingo?</p>
<p>-&#8221;No lo creo, mínimo 20 días sin jugar, luego veremos&#8221;, fue la noticia que me dio Chamorro.</p>
<p>Pese a que será difícil no tocar el balón durante ese lapso, órdenes son órdenes y no hay duda que la magia existente en las manos del doctor Sergio ha sanado a muchos pacientes, ellos mismos hablan de esos milagros, hechos que también se expresaron durante más de 20 años en el campo de juego para estar entre los mejores arqueros que ha producido el futbol nacional.</p>
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		<title>Camino a la ciudad del futbol</title>
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		<pubDate>Mon, 03 Dec 2007 17:15:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Loanny Picado</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>

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		<description><![CDATA[
Foto: Diriamba.info
He viajado a Diriamba una infinidad de ocasiones, en muchas de las visitas fue para cubrir partidos de futbol, pero jamás la aprecié detalladamente.
Era una mañana del miércoles, uno de esos días que debés trabajar sin parar, y te levantas con el sueño entero reflejado en el rostro. No tuve ni ganas de entrenar, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://deportes.vivenicaragua.com/target-goal/wp-content/uploads/2007/12/di_743.jpg" alt="di_743.jpg" /></p>
<p>Foto: Diriamba.info</p>
<p>He viajado a Diriamba una infinidad de ocasiones, en muchas de las visitas fue para cubrir partidos de futbol, pero jamás la aprecié detalladamente.<br />
Era una mañana del miércoles, uno de esos días que debés trabajar sin parar, y te levantas con el sueño entero reflejado en el rostro. No tuve ni ganas de entrenar, la noche anterior escribí hasta quedar dormida.<span id="more-13"></span><br />
Salí rápido de la casa al diario porque iría a entrevistar a dos grandes iconos en la historia del futbol nicaragüense: José Peché Jirón y Mauricio El Muco Cruz. No quería hacerlos esperar.<br />
El reloj marcaba las 8:00 a.m. Estaba atrasada, sólo tenía sesenta minutos para llegar a la cuidad del futbol. “Calma, todo está bajo control”, me decía a mi misma.<br />
El conductor, alistaba el carro mientras escuchaba música romántica, y el fotógrafo miraba si su equipo estaba completo. Por mi parte, alistaba los instrumentos esenciales: grabadora, lápiz y libreta. ¡Por fin, era la hora de partir!<br />
Fuera del agitado ambiente capitalino, nos recibió El Crucero, luciendo su atractiva y frondosa vegetación. El aire puro y un clima templado hacia que bajáramos las ventanas del vehículo.<br />
En este municipio me tope con el primer anuncio futbolístico. Una solitaria cancha de futbol, hecha de manera rudimentaria. Los tres palos que componen la portería son de bambú y un arenoso suelo es el campo donde se juega. En ese instante pasó un chico en bicicleta que llevaba a una anciana, vestía la camisa oficial del equipo Cacique. Esta era la segunda señal. Estaba cerca de llegar a Diriamba.<br />
Mientras el fotógrafo y el conductor conversaban sobre sus respectivos trabajos, yo estaba en otro planeta, ¿Qué conversaron?, todavía me lo pregunto.<br />
- “Loanny andás en la luna, ni te das cuenta de lo que estamos hablando”- me dijo el fotógrafo.<br />
Yo sólo le sonreí y seguí sumergida en el camino que me llevaba a la ciudad del futbol.<br />
Cerca de llegar a la entrada de San Marcos, sobre la carretera, al constado derecho, hay un colegio que se ubica a la par de un campo vacío. Se escuchaban unos gritos: “dale, dale, pásamela, no seas rigioso”. Eran unos niños que jugaban futbol con una pelota ponchada, utilizaban un esférico grande, el que se usa para el baloncesto. Fue la última señal.<br />
El ambiente futbolero se siente en solo a unos metros de Diriamba. La casa de Carlos Chong, una figura del balompié diriambino, queda en la entrada de la ciudad futbolera, una imponente advertencia de que aquí se desayuna, almueza y cena futbol.<br />
A unos 200 metros de la casa de Chong, nos dirigimos al estadio Cacique Diriangén. En la entrada está la estatua de un cacique, quien tiene en su mano una lanza, reflejando claramente la bravura de la afición diriambina y los 90 años de existencia del equipo local, el más antiguo de Nicaragua.<br />
No existió  habitante de esta ciudad que no conociera a Peche Jirón y a Mauricio Cruz.<br />
- “Disculpe señor: ¿dónde vive Mauricio Cruz?”- pregunté<br />
-“Su casa queda al costado norte de Unión Fenosa, por donde vive el bailarín Ronald Abud Vivas”, contestó  el señor.<br />
Así dimos en la casa de Mauricio Cruz y él nos recibió con un sonriente ¡Hola! nos dejó entrar a su mundo mágico y a contagiarnos de sus anécdotas deportivas. Porque no es preciso viajar a Europa para ser parte de la gran familia del balompié, sólo necesitas 20 córdobas. Tomás un bus que te deje frente a la UCA y allí subís a otro que te lleve a Diriamba. Luego me contás qué miraste camino a la ciudad pionera de nuestro futbol.</p>
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		<title>Los ecos del beisbol</title>
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		<pubDate>Sun, 02 Dec 2007 00:44:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Loanny Picado</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>

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—“Hombre del turno al bate: Nemesio Porras, primera base. En el círculo de espera, Orlando Ocampo”.
Pareciera que el tiempo se paralizaba en fracción de segundos cuando se recuerda la voz de Ramiro “Fonguito” Solórzano en el Estadio Nacional Denis Martínez. Aún se escuchan los ecos de su voz grave y retumba entre los pilares del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://deportes.vivenicaragua.com/target-goal/wp-content/uploads/2007/12/managua104wq.jpg" alt="managua104wq.jpg" /></p>
<p>—“Hombre del turno al bate: Nemesio Porras, primera base. En el círculo de espera, Orlando Ocampo”.<br />
Pareciera que el tiempo se paralizaba en fracción de segundos cuando se recuerda la voz de Ramiro “Fonguito” Solórzano en el Estadio Nacional Denis Martínez. Aún se escuchan los ecos de su voz grave y retumba entre los pilares del colosal estadio.<span id="more-3"></span><br />
—“Ya lo jubilaron y quedó su sobrino”, comenta el jardinero del estadio.<br />
Desde hace algunos meses, “Fonguito” ya no anuncia los juegos de beisbol de los campeonatos nacionales. No se mira a aquel señor con los grandes espejuelos, pero con una dominante voz.<br />
—“Ahora le pagamos una pensión a Fonguito”, comenta Carlos García, Presidente de Feniba. A pesar de su retiro, tras una extensa carrera como anunciante, dejó el legado de su importante e inolvidable expresión vocal, un maestro de la entonación en la narración.<br />
“Fonguito”, es una de las voces que han quedado perpetuadas en los casi sesenta años que tiene el Denis Martínez.</p>
<p><strong>Lucución Deportiva</strong></p>
<p>Cuando se sube por las escaleras, al llegar a las cabinas de radio, uno cierra los ojos y se escucha el bullicio de los cronistas deportivos, en un frenesí distinto para narrar con emoción cada jugada, batazo, strike y jonrón que ocurre en los partidos de beisbol.<br />
—“La bola se va, se va, se va y se fue, jooooooooooonrón”, exclaman en coro los narradores deportivos.<br />
La gente se enloquece, aplaude, grita, llora, se levanta, se cae, en un festín inexplicable de sensaciones que contagian de júbilo. Esas voces se mezclan en un solo conjunto y hacen una orquesta bulliciosa que entona en una sola voz, el batazo largo o la jugada perfecta.<br />
En el pasillo, antes del play ball, frente a las escaleras, se siente el olor a la yuca y ensalada con el crujiente chicharrón, despertando el apetito y haciendo rugir al “tigre estomacal”.<br />
— “Vigorón a 30, vas a querer amor”, dicen las muchachas, que portan atuendos ajustados. Sus rostros maquillados llamativamente, acompañados de una hermosa sonrisa pintada de rojo para captar la atención de la clientela y seducirlos hasta que compren el suculento platillo nicaragüense.<br />
—“Dame dos y también me traés dos gaseosas”, caen los espectadores ante la tentadora comida.<br />
Mientras la gente disfruta del partido, en el campo están dos equipos en pleno duelo. Los nervios son ocultados, el manager analiza su estrategia, y da instrucciones a voz silenciosa a sus jugadores para conseguir la carrera.<br />
Hasta que por fin: se escucha el batazo, el jugador corre a toda velocidad y el que estaba en tercera avanza al home, nunca miró tan lejos llegar a la base.<br />
El jardinero derecho lanza al catcher con gran potencia, la bola parece no llegar, el jugador se barre y anota la carrera.<br />
— “Quieto”, exclama el árbitro central.<br />
El jugador es recibido por sus compañeros, tocan sus manos a lo alto, lo alzan al cielo como un héroe y con alegría reciben la primera anotación.</p>
<p><strong>El Salón de la Fama</strong></p>
<p><img src="http://deportes.vivenicaragua.com/target-goal/wp-content/uploads/2007/12/14sfk8h.jpg" alt="14sfk8h.jpg" /></p>
<p>Entre la celebración, en uno de los salones del estadio se encuentran atrapados en los rostros que han hecho historia en el deporte nica.<br />
—“Todavía recuerdo la vez que inauguramos el Salón de la Fama en 1994. Vinieron muchas personalidades, entre ellas la viuda de Roberto Clemente, Denis Martínez y otros”, comenta Carlos García.<br />
Aunque sus retratos no hablen, poseen un grito interno que destella vigor y gloria, contando sus historias en una aclamada trayectoria de récords.<br />
En una esquina se encuentra el llamativo uniforme que usó Denis Martínez el 28 de julio de 1991, día que pitcheó el juego perfecto.<br />
—“Denis dice que ese uniforme fue el que vistió ese día que pitcheó el juego perfecto. No me crean a mí, pero si él lo dice, se le agradece el habérnoslo regalado”, dice García con su manera peculiar de hablar.<br />
Estas son las voces que se escuchan en cada temporada de beisbol, sea la liga de Primera División o la Profesional. El estadio se viste de color, y las torres encienden las luces para dar comienzo al show deportivo que más han gozado los nicaragüenses en las últimas décadas, sin importar cual sea el resultado.<br />
—“Viva el Bóer, jodido”, grita Clodomiro “El Ñajo” y así empieza otro febril partido de beisbol en el Denis Martínez.</p>
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