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Día de entrenamiento

marzo 10, 2009 · 09:55 | por Loanny Picado · Crónica 

Esta no es la película de Denzel Washington, esta es la vida real. Una cronista deportiva deja a un lado la grabadora y la libreta para sumergirse en el entrenamiento de dos equipos de futbol, masculino y femenino, para conocer, con sus propios tacos, lo difícil que es convertirse en un jugador profesional

Foto de Bismarck Picado

Es miércoles 25 de febrero. Hora, 7: 30 de la mañana en el estadio Cranshaw. Es tiempo de entrenar con el Managua FC, club de la Primera División de Futbol. Ese día lucía la acostumbrada camisa del Chelsea, shorts y tacos de la suerte. No existían nervios, ni siquiera pensé en el dolor que tenía en el fémur.

Los jugadores estaban implacables, un físico envidiable, cada músculos de sus cuerpos reflejaban el agitado trabajo diario bajo el sol renaciente de la mañana.

– “Por hoy, ella jugará con nosotros, así que trátenla como una más del equipo”, ordenó Tomás Traña, entrenador del club.

-“Vení, verás que no es tan duro”, me dijo muy animado, Carlos Zambrana, delantero del Managua.

Zambrana es un joven de 25 años, hace dos temporadas juega en este equipo. Para Zambraba, el futbol es toda su vida, incluso su sueño es pulirse para ser un entrador.

Curiosamente Zambrana dirige al club femenino, lReal Sultana de Granada, equipo que debutó en el 2008 en la Liga Superior Femenina.

Antes de entrar al campo, es inevitable mirar esa árida y descuida cancha de futbol y dije en voz baja: “Esto no estará fácil”. El pie derecho siente ese desnivelado y tropezoso suelo del viejo Cranshaw, ya se había olvidado como era jugar en este lugar.

La cancha es un panorama desértico, solo adornado por una grama que está totalmente azotada por los fuertes rayos solares, en su gran parte, seca, bañada por el fatigoso polvo que levanta el trote y jugadas friccionadas de los jugadores.

Aquí las dificultades son muchas y las condiciones escasas, pero el cuerpo se adapta a las limitaciones y todo esa cancha llena de huecos, casi un desierto, se convierte en un aliado para adquirir mayor resistencia.

-“Vamos, vamos, estiremos. Vos harás pareja con Milton”, dijo el entrenador.

La primer tarea era hacer toques recíprocos de balón rasante y luego vino el tú a tú entre la parejas designadas. En unos cuantos metros cuadrados se debía pasar el balón al acompañante, sin que él rival te lo quitara.

Hubo buena coordinación, pero el oponente era más veloz. En un momento hubo un roce fuerte con el rival. Tratamos de recuperar el esférico y en el choque, ambos caímos al suelo.

Con tanta agitación, el corazón palpitaba con rapidez y la sangre hervía en las venas. La condición física de esos jugadores parecía soportar toda batalla, y la mía ya estaba reduciéndose a esa grama árida.

Pasaron los minutos y aún no terminaba el calentamiento. Hasta que ¡por fin! Mis oídos acariciaron ese bendito sonido del entrenador, anunciando un breve descanso. Lo mejor empezaría después.

El entrenamiento concluiría con un juego ante Villa Venezuela. Estábamos listos para defender los colores del Managua FC. Los encargados de hacer goles eran Zambrana y Darwing Salinas y en la creación estaba Denis Rocha, yo, trataría de ayudarlo.

Curiosamente, Rocha retornó este año al futbol, luego de varios años de ausencia. Anteriormente jugaba en el Parmalat de la Primera División, pero cuando el club desapareció no se supo más de él, sólo que trabajaba en una panadería. Hoy luce un poco más relleno, pero su habilidad no ha cambiado.

-“No te alejes, seguí la jugada”, me instruyó Rocha.

Sonó el pitazo y el árbitro dio inicio al breve partido amistoso. Traña dijo que saldría de titular por unos minutos para que no sobrecargara mi pierna adolorida.

Rocha hizo un excelente pase para que Salinas dispara y marcara el primer gol. Todo el equipo parecía una orquesta que coordinaba bien sus ataques ofensivos y marcación defensiva, controlando a todo momento el balón. El rival estaba extraviado en la cancha.

Mi trabajo fue recuperar balones y salir en pique hacia la zona de ataque para esperar ese centro milagroso que me permitiera anotar un gol.

– “¡Eso Loanny, muy bien!”, me animaba Zambrana y los demás jugadores.

Por allá a lo lejos se escuchaban unas voces diciendo:

-“Oye muchacha, dale duro, no lo dejes ir”,
Este tipo de frases le agrega al juego mucho más ánimo. En ese momento venía con mucha rapidez un atacante de Villa Venezuela, traté de quitarle el balón y ante la presión, mi rival cayó, Salinas pudo tomar el esférico y marcó el segundo gol.

Tras el breve momento de gloria, el dolor de en la pierna sonó fuertemente en mi mente, era el momento de salir.

-“Ideay, si estabas jugando bien, me dijo Zambrana”.

Foto de Bismarck Picado

A la vez el árbitro me animó a no salir, pero mi pierna no pudo más y aún faltaba entrenar con el otro equipo. El partido se ganó 8-0.

Tras dos horas de entrenamiento, los jugadores no lucían fatigados, salieron del campo con la misma sonrisa con la que entraron, sólo que bañados de polvo y sudor. Yo logré una digna presentación y una pierda casi lesionada.

Estadio Nacional de futbol UNAN-Managua. Son las 2: 30 de la tarde del mismo miércoles. El segundo reto es entrenar con la Selección Femenina Sub20 que tiene casi dos meses de prepararse para la eliminatoria mundial de su categoría.

Todas las jugadoras vestían su implacable uniforme azul y blanco. El dorsal de mi camisa decía que era la número 19.

Aquí las condiciones son diferentes. El campo es artificial, las líneas que dibujan la cancha son perfectas, ese color verde hipnotizante que hace una invitación tentadora a jugar.

Pero la poesía que se apreciaba a la vista se convirtió en una prosa pagana y detestable cuando empezó el entrenamiento. Se debía hacer 10 piques a toda velocidad alrededor de la cancha.

-Y vos ¿cómo te llamas?, le pregunté a una de las jugadoras

-”Betania Fonseca, soy la arquera”-contestó

Betania es de Corinto y para entrenar a diario en Managua se queda en casa de una amiga. La guardametas mide 1.75 metros de estatura y tiene 19 años, es la mayor de la selección. Curiosamente me preguntó la edad y yo le contesté sin hacer muca énfasis que tenía 24.

Las demás jugadoras son una gladiadoras, ellas también soportan todo trabajo físico. Los piques a velocidad no les causaron cansancio alguno, parecían unas rocas, fuertes, resistentes, parece que nada las puede derribar, sólo ellas mismas.

Al verlas sentí que era una veterana ya que con la segunda vuelta estaba muerta y era la última en llegar, con el aire que tenía, logré hacer cinco vueltas, mi capacidad física no daba para más.

Es increíble la velocidad de estas jóvenes. Todas tienen una historia similar, aprendieron a jugar futbol en las calles, precisamente con varones y luego alguien las reclutó para que jugaran en la Primera División. Muchas de ellas estudian en secundaria y otras ya ingresaron a la universidad por medio de una beca deportiva.

Jennifer Leiva, es una de las 20 jugadoras que componen el equipo, tiene 17 años y esta es su segunda Selección Nacional. Para esta temporada jugará con la UAM, así conseguirá su beca de estudio.

“A mi me gusta divertirme, el futbol es lo mejor, y para hacer más divertidos los entrenamientos ”, dice Leiva con mucha alegría.

Leiva es la joven bromista, ha bautizado a cada una de las jugadoras con un apodo, siempre luce sonriente y con constantes ganas de comer.

-“Vos “Chureca” centra bien” , le gritaba a su compañera, Jennifer Canales.

-“Ay no aguanto, tengo hambre”, murmuró en voz baja y con el rostro cansado.

Luego del ejercicio táctico en el que se trabajo el ataque desde distintos ángulos de la cancha, era el momento de jugar.

-“Hoy el entrenamiento está suave”, afirmó Betania.

El poder psicológico influye en cada jugadora. Ellas están conscientes que deben dar el máximo esfuerzo en cada entrenamiento para estar en condiciones óptimas para la eliminatoria. Todos hicieron un gran trabajo y durante el partido reflejaron el gran avance táctico que adquiere el futbol femenino pinolero.

Es otra visión, no existe temor, sin importar el rival que esté en frente. Con la selección no hice un gran trabajo, más que dos goles de cabeza en el juego, la demás jugadoras lucían su muy avanzada habilidad ofensiva.

– “Vamos, no continuen, no paren”, decía Edward Urroz, técnico de la selección

Se dieron las 5: 00 p.m y le di gracias a Dios que esto se había acabado. Las jugadoras parecían recién salidas de una simple sesión de aeróbicos, intactas, con un ligero sudor que recorría sus rostros, mientras yo estaba totalmente en estado de “coma”, no podía sentir las piernas. Lo mejor del día fue al final, nos regalaron dos mandarinas y tres bananos para reponer energías.

El trabajo de estos jugadores de futbol es pesado, se requiere de muchas ganas y amor por esa camiseta, la cual se defiende en las competencias. Los entrenamientos de ambos equipos están cargados de trabajo físico y difieren en trabajos tácticos, o conceptos de organización de juego en la cancha, pero el aspecto físico es igual.

Al final, el experimento resultó ser muy doloroso, pero gratificante Para los jugadores este sufrimiento diario tiene un sentido lógico y una recompensa, encontrar el triunfo que los lleve al camino de ser el mejor equipo de futbol, ver escritos sus nombres en hechos deportivos que marquen la diferencia.


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Comentarios

1 comentario en “Día de entrenamiento”

  1. Nectalí on junio 23rd, 2009 1:11 pm

    Te felicito por la crónica. Fuera bueno que las hcieras más seguido. Si lee este comentario llamame (No es arrogancia) a la Sección de Deportes del Periódico HOY, Como tedije quiero conocerte.

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