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Darwin Salinas vive su sueño entre el futbol y la dura realidad

febrero 9, 2009 · 14:20 | por Loanny Picado · Entrevista 

El volante del Managua FC siempre quizo ser una estrella de futbol, pero su fe mantiene viva la esperanza de culminar su sueño

Darwing salinas y su hija, Anet, muestran los trofeos de campeón goleador. Foto de L. Gutiérrez

Anet Salinas tiene tres años de edad. Ella no imagina que en su entorno las dificultades se combaten a diario. Sólo mira la vida a través de la sonrisa de su papá, Darwing Salinas, quien es jugador del Managua FC, club de la Primera División de Futbol.

Al empezar la entrevista a su padre, la pequeña Anet mira fijamente los trofeos de campeón goleador, como si comprendiera con claridad lo valiosos que son.

“Ella es mi pequeña, la luz de mi vida”, dice Salinas.

Un camino estrecho conduce hacia la calle árida del barrio Batahola Norte, donde Salinas nació hace 23 años. Los pilares de madera y una imagen de la Virgen María, en un rincón de la sala, parecen ser la base principal y espiritual que sostienen la casa y también la fe casi inquebrantable que tiene Salinas desde que empezó a soñar con su balón de futbol.

Mientras algunos niños jugaban con los mejores balones y zapatos, Salinas andaba correteando con su desinflada pelota. Sus pies siempre lucían cubiertos de polvo y en temporadas de invierno esa tierra se fusionaba con el agua para enlodarlos completamente.

No importaba si caía la más fuerte lluvia, el sol más ardiente, o si sus pies eran heridos por el resbaladizo y empedrado suelo, a Salinas sólo le importaba jugar. El joven de Batahola tenía algo más importante que el dinero, poseía pasión y habilidad, la pericia necesaria para adiestrar el balón con sus pies.

Pero el futbol no era todo. Salinas aprendió a jugar y también a luchar a temprana edad, consciente de que sus padres no le podían dar lujos y que debía ayudar a sostener a la familia.

Salinas tenía sólo 11 años cuando empezó con su hermano Germán Salinas a vender periódicos en el barrio.

“Vendía los periódicos aquí en Batahola, le ayudaba a mi padre a distribuirlos, pero luego, el barrio se tornó peligroso por un tiempo y me asaltaron. Mi padre dijo que lo mejor era quedarme en casa porque tenía miedo a que me pasará algo peor”, cuenta Salinas.

El descanso del trabajo dio chance para dedicarse de lleno a su sueño, ser futbolista. Como todo jugador, su primera escuela y equipo fueron las calles, pero no tardó en destacarse y pertenecer a los semilleros del Parmalat FC.

“Fui campeón goleador en varias ocasiones, pero luego me dieron de préstamo al equipo Sinsa. Cuando llegó al Parmalat Róger Rodríguez, fue mi oportunidad para estar en la Primer División”, explica.

Salinas apenas tenía 18 años cuando debutó en la Liga Superior de Futbol. Siempre fue ese incisivo volante derecho que se movía con rapidez sobre el costado, nada podía detenerlo.

Sin embargo, cuando Salinas pensó que su vida tenía un camino firme monetariamente, los problemas llegaron en el momento menos esperado.

El Parmalat desapareció por falta de patrocinio y Salinas quedó sin trabajo, pero lo más grave era que su esposa Valeria Amador estaba embarazada.

“Fueron tiempos difíciles, no tenía trabajo. Busqué, toque puertas y no hallé un empleo, hasta que volví a las calles”.

La desesperación de no tener dinero para sostener a su esposa y futura hija, lo llevó a lavar carros en los alrededores del Lenín Fonseca. Salinas se ganaba la vida limpiando autos. El dinero servía para la comida, pagos de servicios básicos y lo poco que ahorró para el día de nacimiento de su primera hija.

“A veces sentía que ya no podía más, pero como le pedí a Dios y deposité mucha fe en Él, nunca me rendí, pero fue gracias a mi Dios que salí adelante”, confiesa Salinas.

Salinas nunca perdió las esperanzas de volver a jugar y gracias a su fe, un día sucedió un milagro que lo hizo regresar a las canchas de futbol.

Sentado en el patio de su casa, oyó que tocaban el portón. Era Julio Barberena, de la Alcaldía de Managua.

“Barberena me hizo una oferta para jugar con el Managua FC y en mi mente sólo dije: ¡Gracias Dios, has escuchado mis oraciones!”, relata Salinas.

Llegar al Managua FC significó un reto grande para Darwing. El club estaba en Tercera División y les esperaba un largo camino para ascender a la Liga Superior.

“Nos costó mucho llegar a la Primera División, fue muy duro ascender, pero creo que con fe y pasión todo es posible. Ahora la tarea es no regresar a la Segunda División”, dice.

A Darwing le ha tocado vivir momentos plenos en el futbol, pero también ha experimentado una dura realidad que atraviesan millones de niños hoy en día.

Su pasión por el balompié lo llevó a soñar, a reír y tener felicidad, pero siempre uno de sus pies sigue en la tierra para que esté claro que el balón algún día tendrá dejar de rodar.

“Algún día dejaré de jugar, ese día dejaré de soñar también, porque el futbol me regaló el sueño de ser feliz; eso el dinero no lo puede dar”, expresa Salinas.


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